domingo, 7 de noviembre de 2010

UN HERENCIANO QUE APRENDIÓ PARA ENSEÑAR...


Corrían mediados de los años 80 en nuestro pueblo, y Herencia se sentía orgullosa de su nueva plaza y de su nuevo torero, un chavalín llamado José que tenía una ilusión en su vida: la de ser torero. Como tantos otros caprichos en nuestra vida él no iba a ser menos, y quiso apodarse JOSELITO DE VEGA.

La gran frase con la que Juan Belmonte resumía toda la historia del toreo, todos sus sentimientos y su vida entera era esa de "SE TOREA COMO SE ES", y su única ilusión en la vida era esa de conseguir la faena perfecta, esa en la que "no se destorea, esa que carga la suerte,...". Pasaron los años desde que se cumplió ese sueño de Belmonte y nació un nuevo "Juan" en La Mancha, dispuesto a comerse el mundo y a tener en la palma de sus manos las plazas más importantes de la geografía española haciendo lo que sabía hacer, torear como es. Pero los sueños al fin y al cabo son eso, y aunque luches por ellos puede que no los consigas, pero este torero luchó y luchó, y consiguió llegar a Madrid. Dicen las crónicas que aquel 25 de junio de 1990, en la plaza más importante del mundo los novillos parecían de deshecho de tienta: el sueño de José se iba desvaneciendo.

Andando y andando por este mundillo que todo lo da y todo lo quita decidió un día que esa ilusión por la que soñó no podía realizarla plenamente pero iba a ser mucho más bonito ayudar a los demás para intentar conseguirlo, porque triunfando ellos, triunfa él. Y así, en su tierra toledana y ciudarrealeña decidió dedicarse a preparar nuevos artistas que dibujen en el albero las pinceladas de su imaginación. Las nuevas generaciones tienen el futuro en sus manos,y José es el encargado de guiarlas para que empiecen faena por bajo en vez de darle estaruarios, para que le abran terreno al novillo con el capote porque apreta mucho en tablas, para que citen al pitón contrario y no le enganche la muleta,...para, como recordará a sus chicos tantas y tantas veces, no se pongan locos al terminar un buen quite, porque en la sencillez está el triunfo, en la humildad, el cortar las orejas. Esas que por ese criterio cortó un día Joselito de Vega en la plaza de su pueblo, ese pueblo que no lo olvida, porque Herencia, sigue con su torero.

Por Javier Fernández-Caballero

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